Un viejo axioma de la Prensa anglosajona dice que “bad news, goods news”, o sea, que las buenas noticias no interesan y que las malas son realmente las buenas, periodísticamente hablando, claro. Siempre ha sido así porque el simple interés por saber qué es lo que va mal, o el morbo o la curiosidad malsana, tan humana ella, tienen preferencias informativas sobre la normalidad, que es tema que invita al tedio y al aburrimiento.
Pero toda norma tiene su excepción. Hasta ésta. Se ha producido una buena noticia que ha llamado mucho la atención; es decir, que ha sido noticia. Ni una sola víctima mortal en las carreteras de Andalucía durante el primer fin de semana de agosto, el de más tráfico del año, pese a que el número de coches superaba un 11 por ciento al del año pasado cuando se produjeron cuatro muertos. Increíble.
Me llamó siempre la atención que no se diera la importancia que merece a la cifra espeluznante de muertos que produce el tráfico en España cada semana, cada mes, cada año. Batallas famosas de la historia que se estudian en los libros de texto arrojaron infinidad de víctimas menos que las que deparan los balances de un mes en nuestras carreteras. Nos hemos acostumbrado a los titulares, a las estadísticas de los accidentes, de igual manera que si fueran guerras lejanas que pasan por la pantalla en noticiarios repetitivos.
Y al fin, surge la noticia positiva, la que nos hace reaccionar. Ni un solo muerto en el fin de semana más peligroso del año a priori. Las campañas han funcionado. En realidad llevan años funcionando, especialmente la de los puntos del carnet de conducir. Pero, aunque sea en una única región -en esta ocasión Andalucía, con llegadas masivas a destinos turísticos atiborrados- han funcionado las medidas precautorias.
Qué maravilla que esta buena noticia se produjera con frecuencia y, como ocurre con todas las cosas buenas, dejara de ser noticia.
Además de que una buena noticia como ésta sea noticia, espero que llegue el tiempo en que, a falta de accidentes, deje ya de ser noticia…