México ha sido linchado mundialmente. Sin piedad, sin compasión. Y es como si no hubiera pasado nada, porque nadie parece reconocerlo. Se la señaló en el mapa mundi como el centro de una pandemia que amenazaba al planeta. Incluso algún país europeo propuso cancelar desde Europa toda comunicación aérea con los mexicanos, dejarlos aislados, por el hecho de que allí se habían detectado los primeros casos de una gripe que fue llamada escandalosamente fiebre porcina.
La historia es bien conocida. Pánico en las portadas de los diarios de los cinco continentes, en informativos de televisión, y, lo más aterrador, pánico en la red, porque Internet, la reina madre de la información, también de la desinformación, repartió el miedo a través de su araña universal. No todo el mundo creyó, sin embargo, que la gripe fuera tan peligrosa. Hubo, científicos, gente preparada, que se negaron a caer en el terror del sensacionalismo mediático. Uno de ellos, el profesor Marc Siegel, de la Universidad de Nueva York, autoridad mundial en el estudio de pandemias, mostró su rechazo a tanto catastrofismo informativo, y, en unas afortunadas declaraciones a “La Vanguardia” (uno de mis diarios preferidos, por su seriedad, por su amenidad) aseguró que la famosa gripe era benigna en todas partes “menos en los medios de comunicación, que son los que contagian de verdad el virus del miedo convirtiéndolo en la auténtica pandemia demoledora de economías nacionales como es el caso de México”.
“Esta gripe durará –vaticinó Siegel- lo que dure en las teles, radios y portadas de Internet y diarios. A medida que los directores vean que no da audiencia relegarán la gripe a espacios secundarios y al final no darán nada de ella”.
Han pasado apenas dos semanas desde aquellas declaraciones, que reproduje en un post, y ¿qué ha ocurrido? Pues que el doctor Siegel llevaba razón y que la gripe A, que ya no es fiebre porcina porque el pobre animal no tiene culpa de nada, resulta ser la gripe nuestra de cada año, de la que claro que hay que preocuparse, pero no alarmarse hasta extremos de histeria colectiva. Y, según la previsión, el terror ha ido desapareciendo de las primeras páginas. Pero México ha quedado machacado. Mi modesta solidaridad con el país hermano.
Repito la frase con la que terminaba aquel artículo del pasado 2 de mayo, tras haber releído “La Vanguardia” y pensar que, quizá, el profesor estaba en lo cierto: “ Me reconforta que la tranquilidad me venga de la lectura de un periódico. De un buen periódico.”
Pues sí, así es. Primero nos machacan con la misma noticia y después, si te he visto no me acuerdo. Como tú dices, quién repara el daño ocasionado?
Saludos