Vuelva usted Mañana

A quienes iban para personas y se quedaron en monos

Siempre he creído que el mecanismo de la intuición era la magia de la inteligencia porque, sin estrujar ni una sola neurona, llega anticipadamente a la comprensión de los hechos sin detenerse ni un instante en los enredosos razonamientos. Puedes resolver inmediatamente el problema sin pasar por el planteamiento. Sencillamente prodigioso. Pero, claro, la información y los conocimientos se han impuesto históricamente sobre la intuición, por lo que, aunque seas un artista del presagio, debías esforzarte en leer y en cultivarte… por si las moscas. Concibo la intuición como una bendición intelectual, idónea para quienes huyen de la agotadora concentración mental, que a más de uno conozco yo así. No me gusta el ajedrez porque, para jugarlo bien, hay que meterse hasta dentro y pensar un montón de jugadas sucesivas. (Bueno, tampoco me gusta porque he visto a auténticos zoquetes ganar torneos a personas inteligentes.) Pero esa es otra historia. A mi, por poner un ejemplo cualquiera, nunca me ha gustado devanarme los sesos para un ejercicio memorístico o para hallar un buen titular de prensa. La intuición acude puntualmente en mi socorro y, con una rapidez que me asombra, me hace salir más o menos airoso en cada jugada. Con las personas, con las noticias, me pasa igual. Intuyo en seguida su recorrido. Es como si las oliera He sido, soy, de los de la primera impresión, la primera mirada, esta tipa es una mala pécora, este tipo es un buenazo; de los del presentimiento: esta entrevista va a traer cola, esta exclusiva ni fu ni fa, qué chica más maja, que tío más cabrón. Y me ha costado lo mío dejarme llevar por el impulso, no crean. Más de un chasco, más de una decepción, me he llevado, aunque al final nunca tuvo la culpa la intuición sino precisamente el no hacer el caso necesario a sus inequívocas señales.
En la acomplejada convicción de que mis procedimientos de averiguación y de acción no se habían movido de acuerdo con los cánones establecidos, sino en un método de repentización inadecuada, me sorprende muy favorablemente que ahora la intuición, como forma esencial de inteligencia, se haya puesto de moda entre los investigadores del cerebro y cobre prestigio tras una pequeña etapa de miles de años en la que lo cognitivo se impuso como herramienta imprescindible para tomar decisiones.
Le doy las gracias a Eduardo Punset, el hombre más divertido de entre todos los protagonistas de la televisión actual, por contarnos en su ameno programa “Redes”, y en las entrevistas que concede, los avances de la ciencia en las investigaciones sobre el cerebro. En su nuevo libro “El viaje al poder de la mente”, Punset afirma categórico que “hay más posibilidades de acertar a tomar decisiones si te dejas llevar por la intuición que por la razón”. Y esa frase me ha hecho feliz porque ahora sé que la intuición me decía que debía ser intuitivo. Advierte el divulgador que hay que aprender a “gestionar las emociones, a no triturarlas, generando en la gente el sentimiento de la empatía”, lo que significa que se vuelve a dar, desde el punto de vista científico, un nuevo paso en las tesis de la inteligencia emocional, que puso de moda el psicólogo Daniel Goleman hace tres lustros y que, de hecho, está revolucionando los comportamientos de las sociedades modernas. Empezábamos a saber que el sentimiento puede llegar a prevalecer sobre la razón, ahora sabemos también, según Punset, que la felicidad es la ausencia de miedo. Y que “hay que renunciar a los prejuicios y dogmatismos que nos impiden avanzar”. Se atreve este ex ministro, abogado, economista, escritor y profesor de 73 años a decir que no hay que fiarse para nada de la memoria. “Olvidar –dice- es una necesidad evolutiva. No podemos almacenarlo todo”. En tiempo de crisis, Punset nos aconseja que es bueno cambiar de opinión. Nos alienta el profesor: hay que ser osados, no tener miedo, porque el cerebro está lo suficientemente capacitado como para poder cambiar de opinión. “La opinión que tú tienes –dice- no es el resultado de ver, sino de mirar las cosas de una determinada manera”. Recomiendo a todos que lean a Punset, pero especialmente a los que iban para hombres y se quedaron en monos.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 21 marzo 2010)

Un comentario to “A quienes iban para personas y se quedaron en monos”

  1. .Miguel Ángel Reina dice:

    ¡Carai!, siempre supe que debía ser más mono que hombre. Y en ello persisto.

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