A mis lectores de por esos mundos

A mis lectores de por esos mundos

Cuando consulto los mapas y las estadísticas de este rinconcito desde el que lanzo al mundo mis modestas reflexiones, artículos y vivencias, una gran satisfacción me recorre el cuerpo. Son ya dos años y medio de navegación cibernética. Y no es sólo que tal evidencia excite la cuota de vanidad que los periodistas solemos llevar dentro –bueno, algunos la llevamos fuera-, al comprobar que nuestros pacíficos misiles de palabras alcanzan objetivos tan remotos (cuando antes sólo llegábamos al kiosko de la esquina), sino la profunda fascinación que me causa el invento de la red capaz de enviar al cielo cibernético tus mensajes y ponerlos a orbitar para toda la eternidad.

La revolución de la tela de araña tecnológica envolviendo al mundo, acercándolo, instruyéndolo, simplificándolo, haciendo posible que los avances de la ciencia y los grandess conocimientos se compartan simultáneamente en los cuatro puntos cardinales, es lo más importante que ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad. Lo pienso sinceramente y me siento feliz de poder disfrutar, en la medida de mis cortas posibilidades, de un avance que está dándole la vuelta a la civilización como si fuera un calcetín.

Echo un vistazo al mapamundi de mi cuadro estadístico y veo que las entradas a mi blog se diseminan por todos los continentes. No en cifras espectaculares, pero sí evidentes. Este periodiquito mantiene un promedio in crescendo de algunos millares de lectores, fijos y ocasionales, en casi trescientas ciudades y pueblos de Europa, América, Africa, Asia y Oceanía. En algunas localidades remotas son visitas esporádicas, testimoniales, casuales. Inesperadas. En otras muchas, en cambio, ya tengo mi clientelita. De España, ¡qué decir! Los seguidores españoles ganan por goleada, lógicamente.

De fuera de España, son ciudadanos de los países hispanos, desde territorios mexicanos hasta Usuaia, los que más entran a curiosear qué es lo que escribo. Debo citar los países por pura gratitud, aunque evite la totalidad de los nombres de las ciudades por no convertir este post en un catálogo geográfico: México, Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Uruguay, Venezuela. Escribo en castellano y, lógicamente, me leen preferentemente los que hablan mi idioma, pero me consta que más de un anglohablante se ayuda de mis artículos para mejorar su español. Puedo decir, y no solo no me sonrojo de puro envanecimiento sino que me enorgullece, que también tengo lo que en Twitter se llama “followers” en los Estados Unidos, en Rusia, en Japón, en el Reino Unido, en Francia, Portugal, Alemania, Bélgica, Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia, Holanda, Italia

Hoy me apetece homenajear a quienes, desde latitudes remotas, abren su ordenador, su smartphone, exploran el espacio cibernético y se detienen un momentito para leer o para ojear los posts que un veterano escribidor lanza a las alturas desde la esquina sur de la lejana Península Ibérica. Y como para mi lo primordial son las personas y no las cosas, envío un abrazo de complicidad a las mujeres y hombres de diversas razas, creencias y países que entran en este blog para leerme y también a quienes pasan de largo sin echar una mirada y también a quienes discrepan de mis tesis y también a los que sólo buscan el aroma de lo español porque son españoles o porque aman a España.

Y termino con un breve, esquemático y representativo reparto de besos y abrazos para algunos de mis lectores que residen allende las fronteras. Recurro a unos pocos para, repito, no hacer kilométrico este artículo. Los primeros besos, a mis sobrinos Karine y Fran de Loma, que viven muy felices en Reading (Inglaterra), desde donde, me consta, no me pierden ojo. Y al joven malagueño Javi Caro, que busca su porvenir en Portmouth. Al creativo Willy Gómez Hill, en Ciudad de México; al inquieto Norbi Baruch, allá en mi Buenos Aires querido; al querido Marco Gatica, en la bella Santiago de la bella Chile; a Orlando Romero, en la isla hermana de Cuba; a Inma Aljaro, en el Sur de China (imagino): a Mijail Gussman, en la capital de Rusia; a Miguel Bas, compañero y guia inolvidable también en Moscú; a Masako Isibashi, en Tokio; Mercedes Gallego, en Nueva York; Fran Sevilla, en cualquier guerra del mundo; Ramón Darío Molinary, en Puerto Rico; Ali LmRabet, en Casablanca; Mario Rosso, en Roma; Ricardo Ferro, en Miami; Luis Méndez, Silvia Pisani, a tantos y tantos brillantes colegas que se convirtieron en amigos durante el proyecto “Ciudad del Periodismo” y que ahora emiten señales muy de cuando en cuando para que la comunicación permanezca. Tengo que reconocer con sentimiento que montones de compañeros de generación han dicho no a Internet, a los blogs, a las redes sociales, y prefieren vivir al margen (supongo que muy felices), algo que respeto pero que no comparto en absoluto, sobre todo porque con su decisión no me permiten enviarles desde aquí un abrazo. Abrazos y besos también a mi gente, la más numerosa, la de dentro del país, que sigue infatigablemente este “Vuelva usted mañana” y que me hace tan feliz. De Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla, Bilbao, San Sebastián, Zaragoza, de todas las demás provincias, islas incluídas. No excluyo del reparto de cariño, muy al contrario, aunque sean vecinos, a malagueños y al resto de andaluces.

Es posible que alguien pueda no entender bien mi gratitud y que la confunda con petulancia o inmodestia. Lo sentiría mucho. Este post ha sido un impulso. Un impulso positivo. Una devolución de visita. Un reconocimiento a quienes me reconocen. Me encanta pensar, cuando escribo, que podría iniciar mis artículos saludando a una ciudad o a un pueblo del mundo, distinto cada dia, por ejemplo: “Buenos días, Rosario, Argentina…”

Gracias a todos por visitarme.

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(En la foto, el Puente sobre el Lago, en la preciosa ciudad argentina de Rosario, donde más de un seguidor tengo, afortunado que soy.)

1 Comment

  1. Gracias a ti por deleitarnos.

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