El otro día me di un baño de periodismo juvenil, algo que me sentó realmente bien. Ya expliqué en mi anterior post cómo fue, más o menos, la conferencia que di a los alumnos de Primero de Periodismo de la Universidad de Málaga. Salí plenamente satisfecho, pero no por cuanto pude haberles aportado yo, que hice lo que pude, sino por lo que me aportaron ellos a mi, con su interés demostrado, con la atención que prestaron a mis comentarios y a mis frases; con sus hábiles preguntas y, sobre todo, con sus comentarios posteriores en Twitter y, algunos, en este blog. Comenté el encuentro, ya digo, pero se me quedaron en el tintero percepciones y sensaciones muy personales que debo necesariamente compartir con mis lectores, especialmente con mis lectores periodistas o estudiantes.
Cuando, acompañado del profe Agustin Rivera, salí del Aula Severo Ochoa, de la UMA, lugar de la conferencia, un alumno nos dijo que ya circulaban un buen número de “tweets” sobre la charla por la red social más transitada del momento. Lo comprobé, ciertamente, en cuanto tuve delante el ordenador. Y fue emotivo leer tanto elogio, tanta gratitud, por parte de unas alumnos que interpretaron mis palabras en el sentido exacto que yo le di. En esencia, yo les pregunté, y les advertí, sobre la necesidad de saber, antes de empezar, si se quiere o no se quiere ser periodista. Y en caso de que sí, que se amarraran los machos porque los obstáculos y los impedimentos se pondrían por delante para aburrirte y echarte fuera. Pero también que si era sí, iban a entrar en la magia de hacer para siempre el trabajo con el que uno sueña y que añade vida más allá de la propia vida.
De pronto, me vi maravillosamente inundado de decenas de nuevos “followers”, incluso de comentarios elogiosos en determinados blogs, como el de “Mundo periodista” de Maribel, el de Angela (“Abrir puertas“), el de Yeiza, rincones con intenso sabor periodístico que recomiendo sinceramente.
En momentos duros, como los que atraviesa el Periodismo, me resulta realmente admirable que venga de camino, con fuerza, con ilusión, con pasión, con alegría, una generación de valientes que, a poco que mantengan la fe que me demostraron el otro dia, estoy seguro de que revitalizarán la profesión, entre otras consideraciones, porque llegan impolutos, sin contaminar, con las calderas de la imaginación bullendo a tope, con el deseo de hacerse un sitio en un mundo tan necesitado de nuevas energías y de nuevas ideas como es el mundo de la comunicación.
Nunca me había pasado, en mis anteriores charlas universitarias, como me ocurrió el pasado lunes 14 en la clase de Primero de Periodismo de la UMA. En dos ó tres años, que son los que hace que no me ponía en contacto con incipientes periodistas, han cambiado mucho las cosas. Antes me enfrentaba a una dosis mayor de escepticismo, a un mayor desencanto. Y, sin embargo, ahora, en los peores momentos de crisis, me encuentro con un grupo entusiasta de futuros periodistas, capaces de luchar por conseguir la meta ansiada de una profesionalidad digna en pos de una profesión digna.
Si, según me han hecho saber ellos mismos, quedaron satisfechos porque mi charla les sirvió para abrir un poco más los ojos ante el futuro, debo decir que fui yo el gran beneficiado del encuentro porque comprobé, una vez más, que la palabra limpia y sincera termina calando siempre en quienes atienden con interés el mensaje de buena voluntad que se les transmite. Vi entonces con claridad que el Periodismo de un tiempo próximo estará en muy buenas manos con esta gente joven que, antes del primer movimiento, parecieran hechos de otra pasta… Es exactamente lo que pienso. Y no quisiera equivocarme.
Muchas gracias Rafael por tus recomendaciones y consejos. Os seguimos de cerca porque sois nuestro ejemplo a seguir.
Un saludo y mil gracias por todo.
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