El Blog de Rafael DE LOMA

A Málaga le sobran motivos para quererse

Cincuenta años lleva la Costa del Sol vendiendo con éxito por esos mundos sus calidades: buen tiempo, ocio y paraíso, o sea, el atractivo de un prestigioso destino internacional. Y en esos cincuenta años ¿qué hacía la capital malagueña?, pues apartarse de esa moderna forma de progreso, mirar continuamente hacia otro lado, renunciar a los mandos de su propio destino, que es como decir no a capitanear su futuro. Como todo llega a su fin, la resistencia ha terminado quebrándose porque un viento desconocido ha traído nuevas actitudes políticas (Junta y ayuntamiento de acuerdo, loado sea el dios de las transigencias) y ha traído nuevos impulsos empresariales y hace que se remuevan la conciencia y la consciencia y, al fin, lógicamente, llega la hora del cambio de rumbo. Surge la oportunidad, no la idea, no el proyecto, sino la realidad, de un ente vivo y bien dirigido, creado para diseñar una nueva postal, turística y auténtica, de Málaga capital, de su belleza, de su oferta cultural, de su modernidad. El objetivo es: Málaga, como auténtica capital de la Costa del Sol, Málaga como gran centro turístico del Mediterráneo. Adiós a la apatía que condenaba la ciudad a un papel turístico secundario, adiós al abandono y al desprecio. Adiós a la falta de fe en las propias potencialidades.
Durante demasiado tiempo, es cierto, fallaban las infraestructuras, era tremendamente dificultosa la llegada de los turistas, se les miraba despectivamente, no se aprovechaban sus beneficios. Los últimos años, sin embargo, obraron la transformación. Creció espectacularmente la capital y lo hizo con cierto ritmo, no exento de cultura, no exento de creatividad, y merced, sobre todo, a un potente impulso empresarial. Con errores, sí, con desequilibrios emanados del poder que pudieron evitarse, sí, pero con visión más generosa de futuro; con posibilidades, en fin, de redimirse de su propio desamor y de abdicar definitivamente de la cutrez, difícil tarea por otra parte.
Hoy, Málaga debe estar preparada ya para inscribirse en el exquisito club de las ciudades modernas, limpias, cultas, porque luminosa y bonita ya lo es. Lista y a punto también para cambiar su imagen ante Europa y ante el mundo.
En dos ocasiones, las dos en el mes de marzo pasado, me refería en esta sección a determinados aspectos que empezaban a evidenciarse: el potencial de la ciudad para aspirar a una posición de privilegio, de la que todavía carece, y su derecho a la creación de una imagen propia como destino turístico, puesto que su inclusión en otras ofertas regionales y globalizadas no cubre las necesidades de una gran promoción individualizada y de alcance. También me permitía criticar lo lamentable de determinadas estampas urbanas en las que los Museos brillan en medio de la suciedad y la dejadez. Posibilidades y carencias confluyen ahora en la buena dirección. Vamos a poner más guapa la ciudad, no solo el centro, por supuesto. Y vamos a venderla, pulcra, presentable, sugerente, para que la conozca todo el mundo y para que el rio económico del turismo no pase más de largo por aquí.
La decisión de crear ese ente específico, el Plan Turístico de Málaga, libre de peleas políticas, llega en el momento preciso. La Costa del Sol, creo, será beneficiaria de una nueva imagen turística de Málaga capital, por cuanto, como bien sabemos, el turismo es sinérgico y los destinos limítrofes se benefician unos a otros. No puede ser que la capital esté en el epicentro de la zona a la que llegan millones de visitantes y, sin embargo, sea ajena a la riqueza que proporciona. Es el complemento que le ha faltado siempre: participar plenamente de la tarta que despreció una y otra vez a lo largo de cinco décadas. Málaga sigue con carencias, que hay que subsanar, pero tiene también mucho más que mostrar.
Hoy, los turistas lo tienen fácil para llegar. Pueden venir todos juntos si quieren, por tierra, por mar, por aire, sin dificultades, sin agobios, cómodos, no entrando por una colapsada vía aérea, como antes, sino por cualquiera de las cuatro grandes puertas con que cuenta la capital: las autovías, la preciosa estación del Ave, el modernísimo aeropuerto (con espectacular ampliación, próxima a inaugurar) y el cada vez más importante puerto de cruceros. Pero para venir a descubrirla, tienen que saber de su remozamiento, de su aggiornamento, de su puesta a punto cultural. Y de eso parece que se va a encargar el Plan Turístico de Málaga.
Sigo creyendo, desde mi modesta condición de viajero observador, que haría falta crear un distintivo original, alguna idea única y maravillosa, arquitectónica, monumental o intangible, que traspasara fronteras y cuyo simple enunciado fuera sinónimo del nombre de Málaga, algo así como lo que han hecho, por ejemplo, otras capitales que no necesito relacionar. Quizá una alegoría al Sol, artífice de nuestro destino, o tal vez un millón de sonrisas amables para repartirla entre los forasteros de buena voluntad.
Parece llegada la hora de Málaga. En algún momento de su historia, las ciudades empiezan a quererse a sí mismas. Y esa percepción se produce justo cuando se dan cuenta de que les sobran motivos para sonreir ante el futuro.

(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 23 agosto 2009)

3 comentarios to “A Málaga le sobran motivos para quererse”

  1. Nacho Muñoz dice:

    Excelente.
    La actitud del malagueño comienza a transformarse, de modo que el amor por la propia ciudad se refleja poco a poco en nuestras expresiones. Incluso se instaura la cultura de “regañar” a quienes siguen tirando dardos sobre nuestra propia ciudad, que todavía son muchos.
    Saludos.

  2. Dani dice:

    No puedo estar más de acuerdo, y alegre al mismo tiempo. Málaga, necesita este impulso. Tenemos lo más complicado. Los turistas. Sólo hay que llamarlos y enseñarles lo que tenemos en casa. Me parece un artículo muy certero y no puedo estar más de acuerdo.

  3. Javi dice:

    La verdad es que es espectacular el cambio que ha dado Málaga en estos últimos años. Creo que podemos sentirnos orgullosos pero no conformes, todavía podemos mejorar mas.

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