La mañana es fría. Desde mi escritorio contemplo con horror un horizonte de nubes negruzcas, grisáceas, densas y enormes, iluminadas desde atrás por los rayos de un sol desaparecido. Estoy ante una especie de pintura desmesurada y espesa, como concebida por un pretencioso aspirante a artista sin más recursos imaginativos que fotocopiar el cielo que ve. No hay espectáculo más cursi que el de la propia Naturaleza. Esta frase no es mía, qué más quisiera yo. Es de Oscar Wilde, pero me viene de perlas. El mar, muy encrespado, adquiere el mismo tono gris sucio del cielo. Y arranca a llover. Lo que faltaba: el agua golpeando la cristalera. Qué bien para escribir, ¿no? pero a estas alturas no me voy a engañar, yo soy del sol, lo tengo dicho, anti frío total, y esta tristura a la que los cineastas llaman luz europea a mí me deprime síquica y físicamente. Es como si se congelara mi cuerpo que es mi hardware y se desajustaran los circuitos de mi software que es mi mente. El Mac hecho unos zorros.
Así es que no me veo muy fino a la hora de felicitar las fiestas. Y aunque no venga mucho a cuento, quisiera aplicar y adaptar el lema de un buen entrenador de fútbol: su éxito consiste en tener contentos a once jugadores…, los que no juegan. Los otros, los titulares, los que juegan, esos ya tienen motivos de sobra para ser felices. Yo voy a hacer igual.
No voy a felicitar a quienes gozan de familia, salud, trabajo, dinero, cenas, fiestas. No necesitan más felicidad. Prefiero elevar mi ruego más profundo y mi deseo ferviente de una vida mejor a quienes pasan frío y hambre en las calles, a los millones de niños hambrientos, desamparados y explotados del tercer mundo, a los seres marginados, solitarios, faltos de libertad o de cariño. A la inmensa legión de gente infeliz que vive tan cerca y tan lejos de nosotros. Mi modesta y seguramente inútil postal navideña, a ellos, a los que nunca juegan.
Me sumo a ese recuerdo a los menos afortunados.
A veces es fantástico leer los pensamientos de uno escritos con tanta claridad y maestría.
Flz Nvd.
Yo me uno de todo corazón a esa “seguramente inutil postal navideña”, pero dentro de lo más intimo de mis sentimientos, mi deseo es de felicidad para todos esos seres olvidados de “todo”
mas tocao Rafael.
saludos
¡Lírico y humanitario artículo en el que, además de periodista, eres poeta! Y que los dioses premien tus buenos sentimientos.
Estoy contigo, con la expresión inmejorable de tus deseos de felicidad para aquellos que sufren y no lo merecen, y tú sabes que tus palabras nos hacen pensar, y pienso, que los humanos somos indecentes, que cómo puedo soportar el conocimiento de esta realidad, y pienso que pedí trabajar en Nochebuena y Navidad, y estuve con los que sufren porque son mayores y están solos, y estoy con ellos, y estás conmigo, y estarás conmigo… y estaré contigo.