El Blog de Rafael DE LOMA

“La noticia está en la vida misma”

Enfrascados en la política, porque todo es ya política, los periodistas nos olvidamos de las historias humanas que están ahí, envolviéndonos, pero que nos negamos a contar porque no las consideramos dignas de ocupar espacios informativos. Lo comentaba ayer Pepa Bueno, periodista, presentadora del telediario noche de la Primera, en una charla radiofónica con Carles Francino: “No queremos darnos cuenta de que la noticia está en la propia vida”. Y lo decía a propósito de un caso de auténtico interés humano (el I.H. de siempre), conocido como “la mujer del autobús”, que se dio a conocer en la sección “Cartas al Director” de “La Vanguardia” y que reproduzco aquí:
Ir en bus me salvó la vida
Desde estas páginas quiero dar las gracias a una desconocida, supongo que doctora, que se cruzó en mi camino el 22 de enero de este año y que me salvó la vida. Ese día cogí en Barcelona, sobre las 14 horas, el autobús de la línea 64. Delante de mí se sentó una señora que estuvo mirándome un buen rato. Cogió un papel, escribió algo en él y me lo dio diciendo: “Hazte este análisis en cuanto puedas porque cuando acudís a la consulta ya estáis muy mal”. Cogí el papel extrañada y lo guardé en el bolso sin decirle nada. Tampoco le di importancia. 
Al cabo de un mes acudí al ginecólogo para la revisión anual. Aproveché para entregarle el papel que me dio aquella señora y le pedí que, junto con la analítica de rutina, añadiera esas pruebas. Cuál no fue mi sorpresa cuando me dijeron que en los resultados salían muy alterados unos parámetros hormonales. Tras las pruebas pertinentes, me operaron de un tumor en la hipófisis. El tumor ha sido cogido a tiempo, era muy pequeño. El endocrino que me hace el seguimiento, al explicarle el caso, me comentó que la señora que me diagnosticó tenía que ser una súper especialista en hipófisis y que me salvó la vida. Yo hubiera empezado a notar los síntomas en cuatro años. Espero que lea esta carta y sepa de mi agradecimiento. Me gustaría dárselo personalmente. 

Firmado: Montse Ventura Grau. 
Barcelona.”
La carta surtió el efecto deseado. La autora del milagro era Maria Gloria P. B., de 60 años, doctora en endocrinología, asidua lectora de “La Vanguardia”, quien esa mañana le comentó sorprendida a su marido: “¡Esta soy yo! Él miró la foto y me dijo que yo no era la de la foto. Le dije que no, que me refería a la doctora que buscaban”. Se puso en contacto telefónico con la mujer a la que ya habían operado con éxito de un tumor de hipófisis –que ella le detectó a simple vista en el autobús- y quedaron para verse y tomar juntas un café. Luego, a regañadientes, sin afán de protagonismo, manteniendo una máxima discreción y sin conceder excesiva importancia a lo acaecido, contó la historia al periódico. Aunque rehusó la fotografia y pidió mantener cierto grado de anonimato, la entrevista salió en portada de “La Vanguardia”. En síntesis, esto es lo que le dijo María Gloria a la periodista Ana PacPherson:
“La observación es típica de médicos mayores como yo”, dice la doctora. “¿Cómo se lo digo?, puede pensar que soy una impertinente”, pensé. Pero, mira, no me pude aguantar y se lo dije”. 
Para Glòria no tiene nada de extraordinario abordar a una persona en el autobús al detectar indicios que se asocian a un problema importante de hipófisis. Muy vivaz, de ojos grises azulados, –rubia, no castaña como la recordaba Montse–, se justifica por su reacción: “Soy una persona espontánea, quizá explosiva, y no me importa equivocarme, prefiero pasarme que quedarme con la preocupación dentro por no meter la pata”. 
Lo vio muy claro. “La estaba mirando y lo vi, sin duda. Claro que tengo dos pacientes en el hospital comarcal con todos los rasgos de acromegalia, un aspecto de libro, y que en cambio no la padecen, son así. Pero su mano era muy característica”, explica sin dudar. “La tenía apoyada en la barra del autobús, la recuerdo bien. Son manos más planas, dedos más cuadrados. Y me acerqué a preguntarle si se había hecho algún análisis”. “Porque claro, vas y se lo dices y lo mismo ya lo saben“, matiza. 

”La mano me dio muchas pistas”, asegura Glòria, quien dice de sí misma que es una simple endocrinóloga de a pie. Para el colectivo imaginario, en cambio, será siempre el ángel de la guarda que apareció en el autobús.
Qué suerte tan enorme encontrarse en la vida con un médico como la doctora Maria Gloria. De gente así tan especial es de la que Joaquin Sabina diría, como dice en su nuevo disco refiriéndose al poeta Angel González , que es un ángel menos dos alas y un santo por lo civil.

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