La pregunta no debería ser qué es lo que le pasa a esta profesión, tan pegada tradicionalmente a los vaivenes sociales y económicos. El periodismo está acostumbrado, desde siglos, no solo a adaptarse a eventualidades, inventos, tecnologías y revoluciones, sino incluso a mejorar y depurar su técnica a base de sobresaltos. Los mejores trabajos de creación, de investigación, se publican generalmente en períodos críticos. Habría que preguntar, quizá, qué es lo que le está ocurriendo a la Prensa en general y más concretamente a la Prensa escrita. Y si me apuran, la cuestión fundamental es qué leches le está pasando al mundo entero; qué cantidad de cambios se están produciendo, hasta dónde llegará la nueva era cibernética, cuántos conceptos y tradiciones arrastrará consigo el vendaval digital. Parece que las convulsiones llegan juntas. Internet revienta los tiempos de la noticia, rompe las fronteras, combate los prejuicios, abre las puertas del conocimiento y da preponderancia a la individualidad, anteponiéndola a la colectividad. Casi al mismo tiempo, ciertos banqueros desaprensivos provocan una hecatombe mundial que deja inermes durante años a las dos grandes fuerzas que mueven a las sociedades: la clase trabajadora y la juventud. A unos los lleva al paro y a los otros ni siquiera les deja el recurso del desempleo. Lamentables prejubilaciones en la mejor edad productiva, generaciones de “nini” (parásitos sin ganas de estudiar y sin ganas de hincar el lomo), millones de familias desesperando porque lleguen tiempos mejores.
La crisis se expande, como Internet, por todas las regiones del mundo, incrustándose en sectores económicos y sociales, en la cultura, en el ocio. Un pilar de la economía, al menos en España, como era la construcción, se ve por los suelos; la burbuja inmobiliaria, desinflada. Millones de casas nuevas sin vender. Los negocios del dinero (especulación, usura, abuso, también financiación) retraídos. Los mandamases de la Banca, causantes de la parálisis, silbando con disimulo y manteniendo la orden tajante de no soltar un duro. La industria del Turismo, obligada a reinventarse porque las webs sustituyen a los intermediarios y agiliza la gestión personalizada en detrimento de los viajes en grupos. La crisis dispara contra todo lo que se mueve.
Entonces, el problema, ya digo, no es qué le pasa al periodismo. En todo caso son los soportes de la Prensa en general, como el resto de las industrias, los que sufren en sus carnes la recesión y la falta de consumo. Y de los distintos soportes, son los medios escritos los más perjudicados, eso sí. Desaparecen cabeceras centenarias, caen en picado los beneficios empresariales, llegan los despidos masivos, los recortes de plantilla, el éxodo generalizado al ámbito digital. Nombres míticos de la prensa mundial se alían con los creadores de nuevos soportes para dar salida a sus productos informativos. Los teóricos se esfuerzan en justificar por qué los diarios están en crisis. Unos dicen que las empresas no saben adaptarse a las nuevas exigencias, otros afirman que es una crisis coyuntural que se superará y se sedimentará, sobreviviendo, como siempre, los más fuertes. Hay quien sostiene, en cambio, que es el principio del fin de los periódicos escritos. No faltan profetas de buena fe con soluciones mágicas ni conversos iluminados con augurios letales. Esto es como el fútbol, como la política. Aquí todo el mundo sabe. Sin embargo, unos saben más que otros. Me quedo con las reflexiones finales de un estudio realizado por el profesor José Antonio Giner, experto conocedor de los medios de comunicación, quien afirma que lo importante realmente es hacer del buen periodismo un magnífico negocio. A los periódicos, insiste, sólo los salvarán los buenos periodistas, los grandes directores y editores y los gerentes visionarios. Estoy de acuerdo con el profe. Pero añado más: Nunca se ejerció tanto periodismo como ahora. Nunca tuvo el periodismo más perspectivas que las que tiene ahora “No nos debe preocupar el futuro –dice José Antonio Giner-, sino el presente; no nos deben preocupar los periódicos de papel, sino el Periodismo; no la técnica, sino las personas; no la estética, sino la ética. No nos deben preocupar las cosas, sino el espíritu y las ideas”.
Personas, ética, espíritu, ideas. Qué le pasa a este puto mundo. That is the question.
(Artículo publicado en “La Opinión de Málaga”, domingo, 31 enero 2010)
D. Rafael, con el debido respeto, al periodismo lo único que le pasa es que va a dejar de existir porque la mayor parte de los periodistas y los medios de hoy han dejado de hacer su profesión para vivir de la paga del poder de turno. No es prensa libre e independiente.
http://www.democraciaylibertadpp.es
Querido Rafael, tus artículos son claros y directos, como este análisis del periodismo. Los periodistas cada vez escribimos con más ‘tics’ de funcionarios robotizados y eso también influye al descrédito de la prensa, junto con ‘la losa’ de la publicidad institucional, tabla de salvación y para algunos, auténtico motor vital de su negocio desde hace décadas.
No soy experto en el tema, pero creo que es dificil morder la mano que te da de comer. La publicidad institucional ciertamente es una lacra.
Creo que deberían volver los medios de comunicación donde el que mandase fuese el director libre e independiente, es decir la información y el periodismo en estado puro. Si lo que manda es el gerente, es decir la pasta, la publicidad, las subvenciones etc lo que tendremos serán voceros y no medios de comunicación.
Ahora tienes que leerte cinco periódicos para tener una idea de la realidad y aún así puedes que no lo tengas claro.
Poderoso caballero es Don Dinero.