Vuelva usted Mañana

¿Otra vez salchichas y kartoffen?

Los jóvenes mejor formados de la historia de España son reclamados por Angela Merkel para Alemania, que es el país que más pronto y más beneficiado ha salido de la crisis, el más rico de Europa y el que pretende seguir siendo más potente y más avanzado.

De lejos, de muy lejos, vienen las sangrías, los éxodos, de jóvenes que ha sufrido España a lo largo de su convulsa historia. Nuestro famoso y quebrado Imperio, en el que nunca se ponía el sol, según nos enseñaban en “Formación del espíritu nacional” cuando éramos niños, se forjó con milicias enteras de jóvenes atravesados con lanzas en batallas contra los avasallados indígenas, en las grandes conquistas y en las usurpaciones ultramarinas. Antes y después de América, en todas las guerras, sin importar el bando, aparecían siempre jóvenes hispanos en los distintos frentes. Y cuando no era fuera, entonces, en el propio territorio, cuatro militarotes retrógrados y unos adinerados extremistas, organizaban una matanza nacional en la que las principales víctimas eran, cómo no, jóvenes desesperados, infinidad de ellos liquidados en las cunetas y otros escapando a países que los acogerían de mejor o peor grado. Lo más granado, lo más selecto, lo más intelectual, tenía que largarse siempre a tierra extraña.

Hasta en la Segunda Guerra Mundial hubo muchachos de nuestra tierra combatiendo unos contra otros, alineados en primera línea de fuego con los aliados o con los nazis. Los primeros soldados en entrar en Paris y desfilar victoriosos por los Campos Elíseos fueron españoles. También eran españoles los integrantes de la famosa División Azul (el color de la Falange) con la que Franco y Muñoz Grandes ayudaron a Hitler a invadir Rusia y que terminó con medio ejército congelado en la nieve de la estepa. Aquella fue una sangría de juventud obligada a ir a la guerra, empujados unos por la necesidad de “lavar” la ideología republicana de algún familiar, otros simplemente a la fuerza, los menos por arrebatadas convicciones y, el resto, porque en la España de posguerra, rota y empobrecida, sólo se repartía hambre y miseria.

Veintitantos años después, en el periodo de paz fructífera que vivía Alemania, ya reconstruídas sus devastadas ciudades, tras las miles de razzias infernales de las super fortalezas volantes americanas, fueron millones de jóvenes españoles los que tuvieron que hacer la maleta y viajar a aquel país, y también a Bélgica, Francia, Holanda…, prestos a ganarse el pan (salchicha y kartoffen) y enviar a España, para salvar su balanza de pagos, el segundo plato y el postre y las horas extras.

¿Qué hace nuestro país con sus mayores y con sus jóvenes? A los mayores los quieren obligar a seguir currando más años de los debidos y, encima, los despacha con un recorte de pensiones. A los jóvenes más formados, ingenieros sobre todo, los cede a la señora Merkel para que Alemania sea más grande y sus bancos puedan seguir financiándonos a un no módico interés. Algo parecido hicieron los padres de estos jóvenes, con la diferencia de que ellos fueron a hincar el lomo en los más penosos trabajos que los germanos rechazaban y éstos van a mejorar su investigación y sus tecnologías.

Desperdiciamos alegremente, y al mismo tiempo, la madurez plena, la sabiduría de los años y la brillante preparación de la nueva juventud. Casi nadie quiere aprovechar la utilidad de la gente que ya no es joven. Quizá, en cierta medida, en la Universidad, en la Cultura, se tengan en cuenta los valores de la gente sabia y vivida, pero en el tejido económico – social productivo del país, y en la política, no son tenidos en cuenta ni se consideran útiles los conocimientos adquiridos, las enseñanzas obtenidas de fracasos, y errores, eso que se llama experiencia y que no es más que una libreta recordatorio de las cosas mal hechas que nunca deben volver a repetirse. Es importante saber hacer cosas, sí, es fundamental, pero tan importante como eso es saber qué cosas no hay que hacer. Es lógico que el valor juvenil, sinónimo de ímpetu, fuerza arrolladora, fogosidad y futuro, sobrepase al de la veteranía, que sólo es pasado y presente. Pero ambos podrían ser eficazmente complementarios. Las preguntas ahora son: ¿volverán de Alemania los hijos como volvieron muchos de sus padres?, ¿cuánto tendrían que mejorar las condiciones en España para que nuestros valiosos ingenieros, nuestros mejores investigadores, nuestro más prometedor potencial humano, regresara a los lares dispuestos a aportar aquí sus méritos? ¡Con lo que ha costado llegar a esta generación!

(Artículo publicado por el diario “La Opinión de Málaga”, domingo, 13 febrero 2011)

Una respuesta to “¿Otra vez salchichas y kartoffen?”

  1. Carlos Pérez Ariza dice:

    Ayer la ‘Blaue Division’, hoy la División Juvenil… es que repetir historias (guardando las distancias) nunca es recomendable. Salud.

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