Desde el principio de la década de los sesenta, el turismo fue conformándose, poco a poco, como la principal industria del litoral malagueño. Y es llegado el dia de hoy en que la Costa del Sol es uno de los emporios mejor organizados y más competitivos del mundo. En mi calidad de periodista, he sido testigo, la mayor parte de ese tiempo transcurrido, del desarrollo protagonizado en la mayoría de los casos por los empresarios. He visto cómo la iniciativa privada ha marcado el rumbo, ha enderezado situaciones críticas, ha estructurado el sector, ha modernizado y actualizado el destino. Y cómo siempre, para bien de todos, el Estado ha ido a remolque.
El turismo ha sido impulsado siempre desde abajo hacia arriba y no al contrario, como ocurre en tantos otros ámbitos de la actividad económica en las que las pautas se determinan en la Administración. Hoy, la crisis mundial, provocada por unos cuantos avariciosos e indeseables banqueros, que aún pretenden seguir dirigiendo el cotarro con ayudas oficiales, ha tocado también la línea de flotación del turismo mundial.
Pero el turismo tiene sus propios resortes de flotabilidad. Ha pasado por situaciones parecidas y ha remontado el vuelo. Incluso, si estableciéramos puntos comparativos con crisis pasadas, habría que convenir en que en estos momentos duplicamos o triplicamos la capacidad hotelera y las infraestructuras de servicios y de ocio.
Está claro que las medidas generales de orden económico han de afectar a toda la industria, sin excepción de sectores, pero, por favor, que nadie sea más papista que el Papa. Que no vengan los diletantes con mando ocasional en plaza a querer enmendar la plana a quienes son los auténticos conocedores de los problemas coyunturales que atravesamos ahora.
Empresarios, técnicos y profesionales han sabido, dada su cualificación adquirida durante décadas en el terreno real y no en el teórico ni en el de la demagogia, proyectar el futuro sobre las bases del pasado. Se han ganado el derecho a que los dejen decidir, porque es a ellos a quienes más les duele la situación. Así es que ¡déjenlo decidir!
Tanto y tanto dinero como dicen que se ha inyectado a la banca para que ésta siga actuando como siempre –prestando dinero a los florecientes florentinos y negándoselo a quienes realmente lo necesitan- no estaría de más que también el turismo se beneficiara de algunas mamandurrias.
Que yo sepa, a ningún diletantillo ocasional de ningún color se le ha ocurrido algo así. Sólo se les ocurre ser protagonistas de la película, de cualquier película. Que lo sean en otras, pero que no toquen el turismo. Por favor.